El último rey de Mustang, S.A.R. Jhigme Prabal Bista, vive retirado en Kathmandu. Su Reino pasó a ser una provincia más de Nepal hace años. Quiere hacer un viaje especial, antes de la inminente apertura de la carretera que atravesando el Himalaya, llegará hasta Lo Mantang, la capital de Mustang, abriendolo a los cambios que su aislamiento ha conseguido evitar. Un último viaje antes de que el paisaje, la cultura y la forma tradicionales de vida de Mustang se expongan a una transformación definitiva.

Folco Terziani quiere conocer Mustang para recorrer los pasos de Tiziano, su difunto padre, en su retiro para enfrentar un cáncer terminal. Quiere seguirle en su viaje físico pero también en su viaje interior, desde el joven periodista apasionado por cambiar el mundo hasta el sabio que aprende a superar el miedo a la muerte, a sentirse parte del universo y participar de su armonía.
El rey de Mustang, que fue anfitrión de Tiziano Terzani, lo será ahora de su hijo Folco.

La armonía de Mustang ha sido siempre un referente de la belleza del mundo, una inspiración y una fuente de energía para quienes buscan el conocimiento de sí mismos, como una forma del buen vivir.

 

Cómo es y cómo ha sido siempre Mustang, de la mano de quien formula las preguntas y de quien sabe las respuestas. Un viaje al modo tradicional, a pie y a caballo, en las mismas tiendas en que el rey y todos sus antepasados han dormido durante siglos en sus viajes por el Himalaya.

Un viaje al modo de los sadhus, los hombres santos de la India, tan queridos para Folco, quienes sostienen que si no llegas a pie a donde quieres ir, puede que no encuentres lo que buscas.
Un viaje en el que Folco, llevará de libro de cabecera "El reino perdido del Himalaya" de Michel Peissel, el primer occidental que recorrió Mustang en 1962, quién murió el pasado otoño, el mismo libro que acompañó a su padre.


Un viaje que plantea interrogantes respecto al progreso, a la modernidad con su anulación de la diversidad, que es parte de la belleza del mundo y con la imposición de unos ritmos de vida y unos valores que parecen considerar el bienestar material como el único ideal sobre la tierra.


Pero un viaje que no se deja arrastrar por el pasado ni por el futuro. Ni por los recuerdos ni por los proyectos. Porque es un viaje en la estela de Tiziano, para aprender a vivir, para superar la banalidad y los miedos de nuestra vida cotidiana. Porque hay momentos en que no estamos para transformar el mundo, sino para disfrutar con todas nuestras fuerzas de la belleza y del gozo que nos brinda.